Hoy tocaba acompañar a mi madre al médico, la cita era a las 9.
Entre la sala de espera y los pasillos se me fue toda la mañana, y aproveché un rato para mirar los papeles del seguro que tengo pendientes, aunque al final avancé poco porque no paraban de llamarnos.
Volvimos a casa pasado el mediodía, con las manos resecas de tanto papel,
así que en cuanto pude me puse la crema, un poco más de lo habitual.

La piel sigue tranquila, sin rojeces ni picor, cosa que se agradece después de un día así,
y ahora estoy con los pies en alto un rato antes de acostarme.
