La tienda cerró tarde y yo seguía sin sueño.
Me quedé horneando pan hasta muy entrada la noche, otra vez.

La niña ya dormía y la casa estaba en silencio, yo con la masa entre las manos y la cabeza en todo menos en dormir.
Intenté dejar el móvil en la cocina antes de acostarme. No funcionó del todo, pero al menos me distraje con la masa en vez de mirar la pantalla.
El picor volvió un poco por las noches, sobre todo en los brazos. Puse crema después de la ducha y traté de no rascarme, aunque cuesta cuando ya estoy cansada.
Mañana toca abrir la tienda temprano otra vez. ¡A ver cuánto aguanto asi!
