Esta semana me puse con los papeles del seguro, que llevaba posponiendo desde hace tiempo, y solo conseguí separar carpetas y anotar qué tengo cubierto y qué no.
Dormí algo mejor, aunque las tardes en la oficina se me hacen eternas y llego a casa sin ganas de nada más.
Retomé un rato el cuaderno de dibujo, pocos trazos y sin mucha cabeza, pero algo es algo.
Acompañé a mis padres a una revisión, y volví con la sensación de tener demasiado pendiente a la vez.
Para la semana que viene quiero terminar de leer las condiciones del seguro con calma, aunque solo pensarlo ya me da pereza.
