Desde que cambié al turno rotativo me cuesta encontrarle un hueco fijo al huerto, así que esta semana probé algo distinto.
En vez de regar por la mañana como hacía antes, salí a las tantas de la noche, cuando volvía del curro, y le eché un vistazo a los tomates con la linterna del móvil.
Parece una tontería, pero funcionó mejor de lo que pensaba.
Las plantas no se resienten tanto por el cambio de horario como pensaba (al menos los tomates, la lechuga sí que se nota más triste por las mañanas).
Un día encotré un hueco de 20 minutos antes de acostarme y até las tomateras que se estaban cayendo, cosa que llevaba semanas posponiendo.
Nada del otro mundo, pero os cuento esto porque, después de tanto turno raro, sentir que el huerto sigue en pie (y yo también) ya es bastante.
