Hoy por fin llamé a mi madre.
Llevaba semanas aplazándolo, entre el turno y el huerto siempre se me quedaba a medias.
Hablamos de poco, la verdad. Del tiempo, de si ya había brotado algo en el huerto, de un libro que me recomendó una compañera.
Colgué con esa sensación rara de haber hecho algo pequeño que pesaba más de lo que parecía.
Ahora toca dormir antes del turno. Lo de llamar más seguido lo dejo apuntado, sin agobiarme.
