Leí un capítulo de un libro que me prestó una amiga sobre cómo sostener hábitos, y hay una frase que se quedó grabada: “el hábito no se sostiene por fuerza de voluntad, se sostiene porque es pequeño”. La anoté esa noche en mi diario.
Llevaba tiempo dejando la rutina a medias en cuanto llegaba con la cabeza llena de trabajo. Al final del mes no quedaba ni rastro de constancia.
Lo que cambié fue reducir el paso de la noche a lo mínimo: crema y punto, sin pasos extra si no me apetecía. Y en el diario anoto solo si lo hice, sin explicar el porqué ni cómo me fue.
Supongo que es solo mi caso, pero escribir así, sin exigirme que cada línea sea profunda, es lo que por fin me ha hecho aguantar varios días seguidos. La ansiedad de las noches cargadas sigue ahí, pero al menos ya no se la lleva la piel entera.
