Ayer, en el descanso del turno de tarde, probé algo que vi hace poco en un vídeo sobre técnicas de estudio, que consistía en explicar el tema en voz baja como si se lo estuviera contando a alguien, en vez de solo releer el apunte una vez más.
Me puse con el tema que más se me resiste para el examen, y nada más empezar a hablar me di cuenta de que había partes que creía tener claras y en realidad se me quedaban colgando a medio explicar, así que tuve que volver al apunte para rellenar esos huecos (los que de verdad importan, no los que ya sabía de sobra).
Al principio me sentía un poco rara hablando sola en el coche antes de entrar, pero funcionó mejor que limitarme a releer, porque obliga a notar justo donde se rompe el hilo.
Esta semana voy a seguir probándolo entre turno y turno, aunque sea un rato corto, porque al menos así sé en qué parte tengo que insistir y no ando estudiando todo por igual sin saber qué me falta de verdad.
