Salía del curro de madrugada, con el cuerpo hecho polvo de tanto turno cambiado, y me crucé con toda la gente que iba justo al revés, cruzando el paso de cebra en fila hacia sus oficinas como si fuera lo más normal del mundo, y me quedé un rato parada mirando el semáforo porque hace tanto que vivo desfasada de ese ritmo que casi se me olvida que para el resto ahí empieza el día, ¡qué cambio! Llevaba la funda de la guitarra a la espalda, que la retomé hace 2 meses y casi ni la toco entre cajas y mudanza, y me dio por pensar que a lo mejor tengo que dejar de esperar el momento ideal para sentarme con ella de una vez…

