Esta mañana me paré un momento delante de esas torres de cristal, con toda la gente bajando del metro en grupo, cruzando la plaza con ese paso rápido de quien ya sabe justo adónde va.

Llevaba el termo de té porque otra vez la noche se me hizo larga, y viendo pasar tanto traje y tanta prisa ajena pensé que yo ya no llevo ese ritmo, entre las clases de la tarde y el trabajillo de los findes.
No sé si es envidia o solo curiosidad, pero algo de esa prisa compartida, de ir todos hacia el mismo sitio a la misma hora, se quedó rondando mientras seguía mi camino, que hoy iba más despacio y sin prisa que compartir con nadie.
