Salía para el turno de tarde y me paré dos segundos en el balcón.
La bandera estaba arrugada, colgando torcida, con la sombra del toldo encima.

Detrás el árbol y el cielo medio cubierto, ni sol ni lluvia, así como parado.
Me quedé ahí con la taza sin acabar antes de bajar corriendo al coche.
Ese ratito antes de salir es lo único que tengo de pausa entre un turno y otro.
