El portátil abierto, el café todavía caliente al lado, y ese ratito antes de que empiece la reunión que intento estirar todo lo que puedo.
No sé por qué pero hoy me ha dado por parar un segundo y mirar la mesa tal cual estaba, sin ordenar nada.
Llevo toda la semana sentada casi sin moverme y el cuello ya se queja, pero este descanso de media mañana se ha convertido en lo único fijo del día.

Ni siquiera he mirado el móvil, solo el vapor subiendo de la taza mientras la pantalla seguía cargando algo en segundo plano.
