Iba a comprar semillas para el huerto y me quedé parada viendo a un señor hacer un cuenco en el torno, con las manos llenas de barro hasta el codo.
Solo fueron 2 minutos mirando, pero se me olvidó hasta la lista de la compra.
Trabajaba (sin prisa ninguna), como si tuviera todo el tiempo del mundo, que es justo lo que a mí me falta entre turnos.

Igual cuando esté libre este invierno me apunto a algo así, en vez de quedarme tirada en el sofá con el móvil.
