Cierro la tienda cuando ya no qeuda luz y vuelvo por esta misma calle.

Hoy estaba tranquila, con la casa rosa del tejado rojo y una moto aparcada al lado, como siempre.
No tengo prisa por llegar. Es el único rato en que no pienso en encargos ni en la cena.
Últimamente me acuesto cada vez más tarde y horneo pan de madrugada cuando no logro dormir.
Esta calle no cambia, aunque yo últimamente sí.
