Esta tarde, antes de cerrar la tienda, me he fijado en un hombre que le estaba dando forma a un cacharro en el torno, en el escaparate de al lado.
Las manos se le movían despacio, sin prisa, mientras el barro subía y bajaba entre los dedos.
Me he quedado un rato mirando, pensando en mis propias manos metidas en la masa a esas horas que ya ni son horas…

Algo parecido, al final. Solo que él tenía luz de día y yo la tengo de madrugada.
