Calma chicha, de esas en las que no se mueve ni una hoja ahí fuera y yo llevo desde las 9 sentada igual, con las herramientas de segunda mano puestas en fila al lado del ordenador y sin tocar ninguna, como si el viento fuera a entrar solo por la ventana y se pusiera él a cortar algo por mí.
Por dentro no hay tanta calma la verdad, hay más bien ese rumor de fondo que no deja ni empezar ni parar del todo, y así se queda la cosa, parada.
