Hoy la luz entraba rara por la persiana, como si el sol no se decidiera a salir del todo.
Dormí poco antes del turno de noche, con esa sensación de cabeza pesada que ya conozco.
La piel se quedó tranquila, sin picor, aunque noto las manos algo secas por el jabón del trabajo.
Entre turno y turno dejé la libreta abierta y garabateé un rato en el margen, sin pensar mucho en el examen que tengo pendiente.
Por la tarde salió un poco más de luz, pero tampoco llegó a calentar nada.
Así quedó el día, entre gris y claro, sin decidirse.
