Esta semana llevo tres turnos de noche seguidos y ya no sé ni qué día es.
Volví a casa amaneciendo, con el cuerpo hecho polvo y sin ganas de nada.
Fui a mirar la huerta y los tomates se habían quedado partidos por el calor, con lo que llevaba sin regar.
El libro que empecé en enero sigue en la misma página desde hace 1 mes, cogiendo polvo en la mesita.
No es que me queje del trabajo, es que entre los turnos y todo lo demás no me queda ni un rato para mí.

Hoy solo tenía ganas de contarlo, sin más.
