La semana pasada decidí no abrir el correo del trabajo en cuanto llegara a casa, nada de móvil hasta que los niños se durmieran.

Aguanté 6 días. El primero fue el peor, me quedé con el teléfono boca abajo en la cocina pensando en si habría contestado alguien.
Los niños ni lo notaron, ellos a lo suyo. Pero yo sí llegaba a la cena con la cabeza menos llena, aunque por la noche me costaba igual desconectar del todo.
El séptimo día lo abrí antes de cenar, casi sin pensarlo. No sé si lo voy a mantener, pero al menos ya sé que se puede aguantar unos días.
