Otra vez con los brazos destrozados por el cambio de tiempo.
Desde el domingo no paro de rascarme, y anoche casi no pude dormir del escozor. Llevo 3 noches acostándome pasadas las 2 y media (entre encargos que no paran y la piel que no me deja descansar).
Hoy he ido un rato al huerto, a ver los tomates, pensando que el aire me sentaría bien. ¡Nada, igual de irritada!
Estoy cansada, la verdad. Cansada de que cada cambio de estación sea lo mismo, y de no tener ni un rato para mí entre el trabajo y esto.
