Hoy otra vez acompañé a mis padres a la consulta, salimos antes de que terminara mi turno, y volvimos a casa cuando ya estaba oscuro.
Entre eso y el trayecto al trabajo, llegué sin fuerzas para nada, ni para ponerme la crema con calma, la pasé rápido y me tumbé.
La lana se quedó en la cesta sin tocar, y eso también me pesa, porque es el único rato que tengo para mí.
No le cuento esto a nadie en casa, porque entre las citas de ellos y mis cosas, siento que si me quejo se suma una preocupación más para todos.
Pero hoy no podía quedarme con esto dentro, y necesitaba escribirlo en algún lado.
