Anoche otra vez despierta hasta las 3, y en vez de darle vueltas al móvil saqué las agujas y seguí con la bufanda que tengo a medias desde hace semanas.
Cuando no puedo dormir prefiero tener las manos ocupadas en algo que no sea la pantalla, el punto me deja la cabeza más tranquila que casi cualquier otra cosa.
Llevo ya unos cuantos ovillos hechos, y aunque suene una tontería, esas horas raras de la noche se me hacen bastante menos largas así.
Entre eso y las clases de conducir, que también me tienen con los nervios de punta, la semana va cargada, pero algo controlo yo.
