La guitarra sigue ahí, apoyada en la silla, cogiendo polvo.
Llevo semanas diciéndome que hoy sí, que en cuanto llegue a casa la cojo un rato, aunque sea solo tocar algo sencillo. Y luego llego y lo único que me apetece es sentarme y no pensar en nada.

Entre el curro y mirar ofertas por si surge algo mejor, se me va el rato libre sin darme ni cuenta. Ayer una compañera me preguntó si me pasaba algo, que me nota rara últimamente, y no supe muy bien qué contestarle. No es que me lleve mal con ella, es más que no sé cuánta confianza darle todavía.
Al final la guitarra sigue esperando… y yo sigo posponiéndolo, como si en algún momento fuera a aparecer ese rato que nunca llega.
Supongo que hay días en que una simplemente no da para más.
