Esta mañana he salido al huerto antes de encender el ordenador, con la taza de café todavía en la mano. Los tomates llevaban semanas verdes y tozudos, sin decidirse a ponerse rojos.

Hoy había 3 maduros, pequeños pero maduros.
Me he comido uno ahí mismo, de pie, con un poco de sal que llevaba en el bolsillo del mandil, sin plato ni nada. Sabía a verano de verdad, no al de bolsa de súper.
Las acelgas van más lentas, pero ya se puede hacer algo con ellas.
Ha sido un minuto, nada más, pero me ha cambiado el humor para toda la mañana.
