Desde hace unas semanas me bajo una parada antes del bus y ando el resto hasta casa.
El trayecto al curro ya es largo, así que llegar directo siempre me dejaba con la cabeza acelerada. Ese tramo final a pie sirve para bajar el ritmo antes de entrar por la puerta.
Lo que noto:
– menos tensión en los hombros
– tardo más en saltar por tonterías
– me cuesta menos estar presente cuando toca ayudar en casa
No es gran cosa, pero cambia cómo empiezo la tarde. Lo hago aunque llueva, solo cambio el abrigo.
