Llevaba semanas esperando una tarde libre entera para seguir con la pieza, pero entre las citas de mis padres y el trabajo esa tarde no llegaba, así que decidí probar otra cosa: en vez de esperar el hueco grande, aprovechar los huecos pequeños que sí tenía.
Mientras esperaba con mi madre en la sala, llevé la lija en el bolso y fui pasándola por los bordes sin hacer ruido. En casa, entre una llamada y otra, dejé la pieza en la mesa y en cuanto tenía un hueco corto volvía, aunque fuera para dar unas pasadas y nada más.
Me daba un poco de pudor sacar la lija delante de otra gente, pero nadie dijo nada raro, y mi madre solo comentó: “menos mal que traes algo que hacer, que esto se alarga siempre”.

Al final la pieza avanzó más esta semana entre huecos cortos que en los días que esperaba una tarde entera para mí. Hace falta menos tiempo seguido del que pensaba para avanzar con esto.
